Mujeres que siembran futuro: resistencias que transforman los territorios

Historias de lideresas que desde sus comunidades defienden la vida, el territorio y la soberanía alimentaria.

Mujeres que siembran futuro: resistencias que transforman los territorios

Sandra Liliana Tacumá es una mujer indígena pijao del resguardo indígena Hilarquito de Coyaima. Tiene 4 hijos y su pareja, una huerta de plátanos, yucas, batatas, limones, piñas, gallinas, a veces ovejos y, para tener ingresos, producen la flor de Jamaica, una especie que además de teñir de un hermoso rojo el paisaje, es sabrosa, tiene propiedades medicinales y se comercializa fácilmente. De allí provienen gran parte de los recursos económicos para el sustento de la familia.

Ella encontró en la comercialización de la flor de Jamaica la posibilidad de sacar adelante a sus hijos; dos de ellos ya se encuentran estudiando en la Uniespinal, uno de ellos se empoderó del proyecto productivo y sacó la marca familiar que les ha permitido comercializarla a un mejor precio.

Ella y sus hijos sienten una gran identidad por su pueblo, aman su resguardo y quieren crecer como familia allí, pero encuentran grandes barreras que les afectan sus sueños. La primera está relacionada con la calidad, cantidad y frecuencia del agua para consumo doméstico y las cosechas porque no llega al acueducto y también tienen el riesgo de perder sus cosechas a pesar de que el distrito de riego está planeado para pasar por el resguardo, pero no ha llegado por trabas burocráticas.

La segunda, es que saben producir flor de Jamaica de gran calidad, pero para su manipulación y secado deben invertir demasiado trabajo físico y se corre el riesgo que se contamine el producto. Y la tercera, es que sus hijos jóvenes para estudiar, se ven obligados a salir del territorio.

Sandra, es la única mujer en su familia y enfrenta la mayoría de problemas: acceder al agua de uso doméstico, garantizar la preparación de alimentos y la calidad de la flor de Jamaica y ayudar a sus hijos para que estudien. Todas, son tareas agotadoras. Tener tiempo para ella, que haya agua, asegurar la calidad de la flor de Jamaica y obtener los ingresos necesarios para la educación de los hijos es el reto.

Pero ha puesto decisiones claves: Entender el valor de la tecnología cuando se vincula al quehacer de la finca, organizarse y hacer parte del Fondo Rotatorio del sur del Tolima – Focost, y por supuesto, liderar acuerdos en la misma familia.

Diversifican y mezclan los cultivos para ahorrar agua, retoman de la sabiduría ancestral la diversificación y mezcla de cultivos, diseñan la cosecha de agua y prestaron dinero en el Focost para hacer un deshidratador solar térmico; tecnología que simplifica su trabajo con la flor Jamaica, mejora su calidad y el precio. También allí pueden deshidratar plátano para alimentación de ellos y los animales y hacer el secado de las semillas criollas.

Estas soluciones mejoran la calidad de vida de las familias y en especial la de las mujeres como Sandra Liliana. Aún, falta mucho para que sus aportes y esfuerzos sean valorados y respetados. Integrar la cultura, la tecnología, la organización, la economía solidaria y los saberes ancestrales son aportes de las mujeres del sur del Tolima para vivir con dignidad en el territorio.

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