Comunidades del sur del Tolima se organizan frente a la crisis climática

Ahora integramos la estrategia de la energía comunitaria para que no falte el agua en la huerta y mejorar nuestra calidad de vida.

Soy Mary Trujillo y soy nacida acá en Pueblo Nuevo, un sitio de gente trabajadora y fiestera y donde se consigue buena comida. Dicen que en este lugar nació Natagaima y también se formó el primer congreso supremo de indios que dirigieron Manuel Quintín Lame, José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté.

Producimos alimentos sanos con nuestras semillas criollas y porque los suelos y el sol les dan mucha calidad. Acá tenemos cerquita el río Magdalena y la quebrada Yacó con sus buenas vegas. Da de todo, aunque también cuando crece la quebrada o sueltan el río en las represas Betania y el Quimbo, destruyen los sembrados. Estamos muy cerca del desierto de la Tatacoa y además estamos enfrentando las sequías, que son más fuertes y frecuentes.

Ahora estamos mi compañero Jaime Escamilla, Jaimito el menor de nuestros 5 hijos y yo. Trabajamos unidos. Nos gusta lo que hacemos, nos gusta el campo, nos gusta vivir acá.

Sembramos plátano hartón y cachaco, limón y mangos de distintas clases, papayas tomate chonto, 4 clases de ahuyama criolla, el estropajo, maracuyá, plantas medicinales y distintas variedades de yuca. También criamos gallinas, patos, pavos y ovejos criollos. Además, horneamos los bizcochos natagaimunos y nos hacemos los tamales y la lechona.

Aprendí a producir alimentos sanos con la capacitación en agroecología que nos dio primero Ceudes con don Javier Múnera. Luego con Grupo Semillas que nos siguió brindando apoyo y con el acompañamiento con Coosaviunidos hemos ensayado y desarrollado nuestros propios métodos para producir abonos orgánicos, hacer asocios y los preparados. De nuestros ancestros pijao hemos aprendido el manejo de las épocas y a leer la luna, la humedad del suelo, el canto de las aves, el camino de las hormigas y los gusanos en los árboles para saber cuándo llega la lluvia, cuando para la lluvia y, sobre todo, cuando llega la sequía. Y cada vez más desconcertante lo que está pasando con el clima.

Pero, aun así, nos gusta producir suficiente, limpio y sano porque es nuestro alimento, nuestra salud y la salud de un territorio que está con mucho riesgo por estar cerca al desierto, por la falta de lluvia, por los incendios y los venenos que otros productores usan. Sacamos la comida nuestra y también producimos para la venta. Nos da mucha alegría, por ejemplo, cuando la señora Blanca de Agrosolidaria nos dice que varios consumidores prefieren y preguntan por los productos que enviamos a varios mercados de Bogotá.

Ahora integramos la estrategia de la energía comunitaria para que no falte el agua en la huerta y mejorar nuestra calidad de vida. Agradecemos a las organizaciones que nos apoyan: A Semillas, Coosaviunidos, Asfumujer y también a la organización indígena del CRIT, que nos apoyó en la lucha para tener la tierra.

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